De imperios, filosofía china y Branding con propósito

Fabrizzio Ponce, Costa Rica

Alejandro Magno, recordado como ícono y punto alto en la historia de la humanidad en cuanto a cultura y estrategia militar, conquistó la mayor parte del mundo conocido en aquel entonces, antes de cumplir sus 30 años. La tradición cuenta que lloró porque ya no le quedaba nada por conquistar.

Tenía una ambición que no conocía límites.

Se dice que Napoleón siguió la misma línea hace un par de siglos, que terminó llevándole a perder todo lo que había conseguido.

El afán de reconocimiento y estatus ha construido imperios a lo largo de la historia. Y los ha destruido también.

Actualmente, en el mundo digital, muchos nos embarcamos en una aventura similar. La meta es conquistar la última frontera y llevar nuestra voz y mensaje hasta allá.

O, al menos, fue la idea en algún momento al inicio de nuestra aventura digital.

Se comenta que las redes sociales son la mejor máquina de ‘estatus’ jamás hecha. Cualquiera puede inventarse una vida de la nada y exhibirla ante los demás, así sin ton ni son. Los ‘likes’ pasaron a ser un indicador de estatus, el número de seguidores es otro indicador similar, y aquel momento de incertidumbre y mariposas en la panza segundos antes de comprobar el rendimiento de una publicación, es el mismo miedo que podría haber sentido un gladiador romano al esperar cómo lo iba a despedir la multitud en la arena.

Hay mucho profesional que se mueve por el mundo buscando likes para construir su imperio particular. Ya ni tan siquiera lo hace dentro de una red social. No. Ahora la vida completa se enfoca en buscar likes.

¿Y el servicio y la construcción de valor?

Probablemente quedaron allá ahogados en el scroll infinito de una diminuta pantalla, donde dejamos también muchas horas de nuestra vida.

Lao Tse, personaje famoso y enigmático en la historia y la filosofía china, compartió dentro de su Tao Te Ching un par de ideas interesantes que podemos relacionar con este fenómeno actual.

La primera de ellas menciona que, quien ‘necesita’ estar por encima de todos, pertenece secretamente a todos, pues su paz depende de su aprobación. Seguramente por esa razón vemos tanto contenido en redes sociales, enfocado sólo en manipular el algoritmo y ganar visibilidad, -que, lo sabemos, no necesariamente se traduce en clientes o en monetización-.

La segunda idea, muy alineada con la anterior, expresa que, para llegar a estar por encima, o ser visible, debería ser por medio de un proceso de humildad y servicio. Quienes ‘necesitan’ esa visibilidad carecen de una estrategia más allá de un activismo sin sentido, mientras que quienes han aprendido a desapegarse de la necesidad de reconocimiento y de las exigencias de su ego, pueden servir y aportar valor de forma generosa.

Marshall Goldsmith, un famoso autor y coach ejecutivo estadounidense, mencionaba en una ocasión las palabras de Peter Drucker, su mentor, que le recordaban que “estamos aquí en la tierra para hacer una diferencia positiva, no para demostrar que somos inteligentes.” La reflexión que Goldsmith extraía de esas palabras es que, si nos volviéramos más poderosos e influyentes, ¿el mundo estaría peor o mejor?

Y acá quiero aterrizar en nuestro tema en común: La Marca Personal.

Porque, como hemos visto, la ambición desmedida no sólo consume imperios, también puede hundir una Marca.

¿Estás cambiando el mundo con tu trabajo o sólo estás alborotando emociones en las redes sociales?

Cuando tratas de gestionar las emociones de tu audiencia sólo vas a logras eso: modificar emociones. Y, aparte de que las emociones vienen y van, también sucede que, si dejas de publicar una semana, pocos serán los que lo noten. Adiós esfuerzos previos, ¡porque así es el mundillo de las redes sociales!

Pero, cuando compartes valor, cuando cambias el mundo, cuando estás presente y contribuyes, no sólo emocionas a las personas, sino que además construyes algo con propósito al cambiar vidas.

Ya decíamos que hay profesionales que enfocaron su vida en buscar likes, posiciones en rankings y en lograr aprobación externa.

Haz lo contrario y usa el branding para contar lo que tu Marca puede construir a través del servicio.

Tu Marca puede generar inspiración, puede transformar, puede crear. Y, ojo acá, muchas veces no necesitas un post en LinkedIn o Instagram para lograrlo. La visibilidad es buena y hasta puede ser un proceso creativo muy entretenido, pero no supera a la acción y al servicio.

Richard Sauerman, australiano conocido como The Brand Guy y a quien se le menciona como uno de los gurúes de la Marca Personal en el mundo de habla inglesa, menciona en su blog que “nadie confía en una marca que suena como una máquina. Vivimos en una época en la que la gente anhela autenticidad. Si tu marca suena como una nota de prensa sin alma, ¿adivina qué? La gente desconecta. Las marcas que ganan no sólo informan; conectan. Y lo hacen sonando humanos.”

La acción y el servicio se generan cuando recordamos que hay una vida afuera del scroll infinito y decidimos vivirla. Cuando damos, cuando aprendemos, cuando abrazamos, cuando lloramos, cuando vemos que nuestros clientes logran sus objetivos y se lanzan a crear más. Cuando las redes sociales pasan a un segundo plano y son usadas para construir y compartir valor. Cuando actuamos apegados a nuestros valores, a nuestro propósito. Cuando estamos nosotros para nuestra audiencia y clientes, no ellos por nosotros.

Canalicemos nuestra ambición de forma que podamos encontrar significancia y propósito en lo que hagamos, que sea mostrado con autenticidad, deseo de servicio y humildad. Y, por supuesto, que también podamos monetizar y encontrar abundancia mientras ayudamos a los demás a construirla.

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