Si quieres ser relevante, adaptarse a la tendencia es desaparecer en el paisaje
Robert J. Samaniego, Ecuador
Durante décadas nos han repetido que adaptarse es la clave de la supervivencia. Darwin, la transformación digital, la innovación constante y, más recientemente, la inteligencia artificial parecen reforzar la misma idea: quien no se adapta desaparece.
Sin embargo, para quienes gestionan una marca personal de alta visibilidad —CEOs, políticos, líderes empresariales, consultores, voceros o referentes de opinión— está ocurriendo algo paradójico. Hoy el mayor riesgo no es quedarse atrás; es parecerse demasiado a todos los demás.
Nunca habíamos tenido tantas herramientas para producir contenido. Nunca había sido tan fácil escribir artículos, diseñar presentaciones, crear videos o publicar opiniones. Pero tampoco había existido tanta similitud entre los mensajes que consumimos cada día.
Hoy debemos preguntarnos cómo podemos ser reconocidos cuando todos utilizan las mismas herramientas.
Cuando todos hablan igual, nadie destaca
Si las redes sociales democratizaron la visibilidad, hoy la inteligencia artificial ha democratizado la producción de contenido, pero también está generando una homogeneización del discurso.
Un estudio publicado en Science Advances encontró que las herramientas de IA mejoran la creatividad promedio de los contenidos, especialmente en personas con menos habilidades creativas. El problema es que también hacen que los resultados sean más similares entre sí. Es decir que elevan la calidad media, pero reducen la diversidad.
Según DataReportal, existen más de 5.600 millones de identidades o perfiles activos en redes sociales y el usuario promedio utiliza casi siete plataformas al mes. Pero eso también significa que la atención sigue reduciéndose.
Estamos produciendo más contenido para una audiencia que dispone de menos tiempo y más distracciones.
En ese escenario, muchos profesionales buscan seguir tendencias, replicar formatos virales y adoptar el mismo lenguaje que utiliza el resto del mercado. Y eso sólo resulta en que se vuelven parte del paisaje.
Porque cuando todos publican los mismos carruseles, utilizan las mismas estructuras narrativas y repiten las mismas frases motivacionales, la diferenciación desaparece.
¿Entonces la IA es el problema?. No, el problema aparece cuando dejamos que la herramienta reemplace nuestra voz.
La relevancia nace de la diferencia
Puede ser fácil pensar que debemos adaptarnos a lo que funciona. Pero es evidente que las personas recuerdan aquello que rompe patrones.
Kantar, tras analizar más de 11.000 casos de marca, concluyó que la diferencia percibida es uno de los factores más importantes para generar crecimiento y preferencia. Más aún, sus investigaciones muestran que la combinación entre significado y diferenciación explica gran parte del valor que una marca puede construir en la mente de las personas.
Creo que este resultado tiene una lógica, nuestro cerebro está diseñado para detectar anomalías. Recordamos aquello que sobresale del entorno. Por eso las marcas personales más fuertes rara vez son las más adaptadas a las tendencias. Son las que han diseñado sus propios códigos.
Si lo considero en el ámbito político; los líderes que logran movilizar masas suelen construir una narrativa que destaca, pero que también es coherente en el tiempo. La autenticidad y la consistencia terminan siendo mucho más valiosas que la capacidad de subirse al tema de moda del momento.
Las personas siguen a quienes representan algo.
El error puede ser obvio
Cuando se habla de inteligencia artificial y marca personal, la mayoría de las conversaciones giran alrededor de la productividad. Publiquemos más, automatizamos las publicaciones, hagamos más contenido… pero lo que realmente hacen es desgastar su imagen.
Cuando delegamos completamente nuestra comunicación a herramientas generativas, comenzamos a perder aquello que nos hace memorables: nuestras historias, nuestras contradicciones y nuestra particular forma de interpretar la realidad.
Un estudio reciente del MIT observó que los participantes que utilizaban intensivamente herramientas generativas mostraban menor sensación de pertenencia o identificación sobre sus propios posteos.
Creemos que la eficiencia, o mas bien la frecuencia, construye reputación. Pero esta se construye con confianza. Y la confianza surge cuando existe una conexión reconocible entre la persona, el mensaje y su audiencia.
Creo firmemente que nuestro público no quiere perfección. Quiere conectar con otro ser humano. Quiere saber que detrás de las palabras existe alguien dispuesto a sostenerlas.
Adaptarse sin desaparecer
Nunca voy a rechazar a la inteligencia artificial, más bien creo que es una herramienta revolucionaria. Tampoco podemos ignorar las tendencias, que si son importantes para lograr visibilidad. La adaptación sigue siendo necesaria en un mundo tan cambiante. Pero lo que debemos evitar es convertirnos en una copia de lo que ya existe.
Las herramientas seguirán evolucionando. Los algoritmos seguirán premiando ciertos formatos. Las tendencias seguirán apareciendo y desapareciendo a una velocidad cada vez mayor.
Pero la verdadera ventaja competitiva de una marca personal continuará siendo la misma. Una voz propia. Una identidad imposible de confundir. Porque en una era donde todos pueden producir contenido, la diferencia ya no estará en quién utiliza más inteligencia artificial. Estará en quién conserva aquello que la inteligencia artificial no puede replicar: una historia, principios, valores y una forma única de ver el mundo.
Adaptarse puede ayudarte a permanecer vigente.
Pero diferenciarte es lo único que evitará que te conviertas en parte del paisaje.