La marca personal no tiene fecha de vencimiento

por Bárbara Lewin de la Jara, Chile

Hace casi 7 años decidí volver a competir en atletismo. No soy buena para correr ni saltar, compito en una disciplina poco conocida para la mayoría de las personas: el lanzamiento de disco y martillo.

Como a esta edad ya soy atleta máster, compito en una categoría donde participan deportistas mayores de 35 años, muchos de ellos con 50, 60, 70 años o más.

Cada vez que cuento esto, las reacciones son parecidas, algunos se sorprenden, otros me felicitan y otros preguntan por qué alguien querría competir a esta edad, considerando los achaques de la edad, dolores musculares, huesos, etc. Y no falta quien insinúe que el deporte competitivo es una actividad reservada para los jóvenes.

Lo curioso es que esas mismas preguntas aparecen con frecuencia en el mundo profesional. ¿Para qué empezar un emprendimiento después de los 50? ¿Tiene sentido construir una marca personal cuando ya llevas décadas trabajando? ¿Para qué preocuparme de mi marca personal si tengo un trabajo estable en una empresa?

Vivimos en una cultura que muchas veces se asocia el éxito con la juventud. Pareciera que las oportunidades tienen una fecha límite y que existe un momento ideal para destacar, crecer o hacerse visible. Sin embargo, tanto el deporte como la vida profesional me han enseñado algo muy distinto: la experiencia (y los años acumulados) no son una limitación. Al contrario, muchas veces son la mayor ventaja que tenemos.

Volviendo al lanzamiento del disco, cuando una persona ve una competencia, ve apenas unos segundos de acción. La atleta entra al foso de lanzamiento, gira y lanza el disco lo más lejos posible. Lo que no ve son las horas de entrenamiento, las repeticiones, las sesiones de gimnasio y pesas, los errores corregidos una y otra vez, los días de cansancio y los momentos de frustración.

Lo mismo ocurre con la marca personal.

Con frecuencia vemos a profesionales que aparecen en medios de comunicación, publican contenido de valor, participan en conferencias o son reconocidos como referentes en sus industrias. Desde afuera, puede parecer que alcanzaron esa posición de manera rápida o natural. Pero detrás de esa visibilidad existe una historia mucho más larga. Hay años de experiencia, trabajo bien hecho, relaciones construidas con esfuerzo, aprendizajes acumulados y una reputación que se fue formando mucho antes de que se hiciera visible.

Antes de que alguien me viera en una competencia, o llegaran las medallas y los podios, hubo años de mucho esfuerzo, donde me iba sola a entrenar muy temprano en las mañanas los fines de semana. Ahí nadie aplaude las repeticiones que salen mal, los ajustes de técnica, los días seguiente con los músculos doloridos. Pero es ahí donde está el trabajo real. Algo parecido me ha pasado en el mundo profesional: las oportunidades más importantes de mi carrera no llegaron por lo que publiqué, sino por lo que construí en silencio durante años. La visibilidad y el desarrollo de tu marca personal es una consecuencia, no el punto de partida.

La marca personal se construye mucho antes de que alguien nos vea. Se construye cuando cumplimos nuestros compromisos, cuando entregamos un trabajo de calidad, cuando generamos confianza y cuando aportamos valor de manera consistente. En otras palabras, se construye en esos entrenamientos invisibles que pocas personas observan.

Existe además otra lección que el deporte máster me ha enseñado y que creo que es especialmente relevante para quienes buscan fortalecer su posicionamiento profesional.

La experiencia cuenta.

En una época donde muchas conversaciones giran en torno a la innovación, la velocidad, las nuevas tecnologías, la IA y las nuevas generaciones, a veces olvidamos el enorme valor que tienen los años de trayectoria. No porque la experiencia garantice el éxito, sino porque aporta algo que difícilmente puede adquirirse de otra manera: perspectiva y criterio.

Los años nos permiten acumular historias, aprendizajes, éxitos y errores, relaciones y mucho criterio. Permiten entender mejor a las personas, los negocios y los contextos. Y todo eso se transforma en un activo muy poderoso para construir credibilidad.

Cuando volví a competir como atleta master tenía un poco más de 45 años. Obviamente ya no tenía un cuerpo de una atleta de élite ni con el historial de una deportista de toda la vida (estuve 19 años alejada del atletismo). Muchos años de reuniones, estrategias, viajes, jefes difíciles, proyectos, entre muchas cosas. Y descubrí que toda esa trayectoria tiene peso, mucho peso.

Sin embargo, muchas personas subestiman ese capital. Estos últimos años que me he reinventado y desarrollado como mentora de marca personal, he visto profesionales con una enorme experiencia que dudan en compartir lo que saben porque sienten que ya no están en la etapa adecuada para hacerlo. Piensan que otros tienen más energía, más conocimientos tecnológicos o mayor capacidad para destacar.

Pero la marca personal no se construye compitiendo por ser la persona más joven de la sala. Se construye siendo capaz de aportar una mirada única. Y esa mirada suele estar profundamente influenciada por la experiencia acumulada.

Otro paralelo que me gustaría compartir entre el lanzamiento de disco y la marca personal es la consistencia.

En una competencia no gana quien logra un gran lanzamiento una vez en la vida. Gana quien es capaz de repetir buenos resultados de manera sostenida. La técnica, la preparación y la disciplina terminan siendo más importantes que un momento aislado de inspiración.

En el mundo profesional ocurre exactamente lo mismo. Muchas personas buscan el post viral, la conferencia perfecta o la oportunidad que las haga visibles de un día para otro. Pero las marcas personales más sólidas no suelen construirse de esa manera. Se construyen a través de pequeñas acciones repetidas durante años.

Una conversación significativa. Un proyecto bien ejecutado. Una recomendación de un cliente. Una publicación útil. Una mentoría. Una colaboración. Un compromiso cumplido.

Cada una de esas acciones puede parecer pequeña por sí sola, pero con el tiempo terminan construyendo algo mucho más grande: la confianza, que es el activo más importante de cualquier marca personal.

Por eso creo que uno de los mayores errores que podemos cometer es pensar que ya es tarde para construir una nueva versión de nosotros mismos.

La reinvención profesional no significa empezar desde cero. Significa aprovechar todo lo aprendido para proyectarlo hacia una nueva etapa. Significa reconocer que nuestra historia no es una carga que debemos dejar atrás, sino una plataforma desde la cual podemos seguir creciendo.

Cada vez que entro al foso de lanzamiento, hay un momento justo antes de comenzar a girar en que mi mente piensa: no en la competencia ni en el resultado. Pienso en todo el entrenamiento que mi cuerpo sabe que debe hacer. Todo eso no se lo lleva nadie. Y eso mismo debemos pensar para la marca personal: cuando llegue el momento de soltar, ya tenemos gran parte del camino recorrido.

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